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Nunca creí que llegaría el día en que escribiría estas palabras. Diez años han pasado desde que comencé mi andar por la música y seis desde que decidí alejarme de ella. Solo cuatro años en activo y, pese a ello, logré conocer a mucha gente, aprender bastante y descubrir un lado de mí que no creí que existiera. Sin embargo, no puedo decir que, pese a llevar un tiempo en el retiro, mi pasión se haya extinguido del todo. Continuo escuchando nueva música y tratando de ampliar mis horizontes para no permitir que se extinga dentro de mí.. Eso es lo que me he estado repitiendo todos los días desde hace seis años. 

Hoy, diez años después de haberme sentado por primera vez frente a la pantalla con un proyecto en blanco sigo teniendo la misma reacción al intentarlo de nuevo: ¿acaso Dios se apiadará de mí? ¿Esta ocasión podré hacer algo relevante? La emoción es la misma, también la frustración.

La música no perdona, aunque indulgente con la forma, el fondo siempre tiene que ser coherente. ¿Acaso tiene sentido lo que hago? Si no hay motivación, no tiene ningún significado sentarse a sacar agua de una piedra, por lo menos yo ya no pude sacar nada de las mías. «Hasta que mueras o muera en ti» es una frase que me ha perseguido durante más de lo que puedo recordar. El miedo de no poder crear de nuevo es una barrera que no se supera tan fácilmente y que, tras dar fin a una obra, siempre está ahí. Uno nunca sabe cuándo puede ser la última y por eso los artistas no se contienen. 

Todos tenemos paliativos diferentes y así los ves presentar su obra, casi todos estoicos, firmes, orgullosos. No podemos dejar que el miedo dicte hasta donde podemos hacer que nuestra voz se escuche, aunque siempre esté presente.

Recientemente he visto a mucha gente vencida por el cansancio, «el peso de los años se acumula» dijo una de ellas. Queremos hacer todo, pero muchos no estamos dispuestos a renunciar a la comodidad de la rutina. Crear requiere tiempo, energía y recursos. Tienes que elegir cuál tienes que sacrificar a fin de poder saciar las ansias de mostrar que tienes algo que decir. 

En lugar de una carta desesperada, debería haber compuesto una canción para celebrar. Lo intenté, Dios sabe que lo intenté. Revisé mis viejos archivos en busca de inspiración y con una sonrisa recordé viejos tiempos. Muchos errores técnicos, muchas pruebas, muchos ejemplos de que si me propongo algo, lo tengo que cumplir. Abrí Musescore, claro, la versión 3 (la chida) y comencé a introducir notas. Recuerdo la teoría, recuerdo el flujo creativo, pero algo no está ahí.

Tal vez no he buscado lo suficiente.

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